Somos MEGADIVERSOS, en mayúsculas

El Día Nacional de la Biodiversidad en Colombia, es una buena ocasión para valorar el privilegio de vida con la que nos rodeamos y reafirmar nuestro compromiso con su conservación.


Cuando la Expedición Botánica inició en 1783 nunca se imaginaron que después de 30 años hubieran clasificado 20 mil especies vegetales y 7.000 animales en el territorio que actualmente es Colombia. Y mucho menos nos hubiéramos imaginado que 200 años después de terminada la expedición estemos hablando de un número cercano a 67 mil especies registradas, según SiB Colombia.

Semejante caudal de vida merecía una celebración. Y nada mejor que escoger el 11 de septiembre para conmemorar el Día Nacional de la Biodiversidad de Colombia, fecha en la que murió José Celestino Mutis en 1808.

La biodiversidad se refiere a las múltiples y diversas formas como se manifiesta la vida en la tierra, a la variedad de plantas, animales, hongos y microorganismos, a sus diferencias genéticas y a las diferentes maneras como estos interactúan entre sí.

Cada detalle de nuestras vidas está marcado por relaciones entre nosotros y otros seres vivos que a veces ni siquiera sabemos que existen. En el siguiente video, el Instituto Humboldt explica qué es la biodiversidad y cómo influye en nuestra diversidad cultural.

La ubicación de Colombia en la Tierra es un factor determinante para que este sea un país megadiverso. Todo en Colombia es cambiante: su geología, climas, aguas y ecosistemas. Y así como nos destacamos en número de especies, también registramos graves amenazas hacia las mismas.

Somos privilegiados con la biodiversidad en este país y asimismo somos responsables con la protección de los recursos. En una operación como la nuestra, hemos conocido de cerca la importancia de las sabanas naturales, bosques de galería, morichales, madreviejas, ríos, lagunas y esteros que son el hábitat de peces, aves, mamíferos y reptiles, en los Llanos Orientales, donde empieza nuestra operación.

Proyectos como el Banco de Hábitat del Meta donde buscamos la restauración de ecosistemas degradados y la conservación del bosque natural, en un área de 602 hectáreas en la zona hídrica del río Meta, son la muestra de nuestro compromiso con la sostenibilidad ambiental.

En el paso del oleoducto por el departamento de Boyacá nos encontramos con el bosque andino o de niebla, uno de los paisajes naturales más amenazados en el país. La deforestación ha hecho que solo quede un 4% de la cobertura original ya que ha sido transformado en potreros para ganadería y cultivos. El bosque andino, con sus diferentes gradientes (arriba de lo 2.000 m.s.n.m.), es el hábitat de 177 especies de mamíferos. Hogar de ejemplares emblemáticos para Colombia como el oso de anteojos, único oso suramericano, el venado conejo y el tapir o danta de montaña. También habitan 380 de especies de anfibios como las ranas: arlequín, azul, venenosa dorada, y el sapo de la caña; 271 especies de réptiles y 184 especies de peces.

Cuando llegamos a Antioquia, el oleoducto pasa por debajo del río Magdalena y entra al departamento por Puerto Nare. La riqueza hídrica de la región irriga el Parque Nacional Natural Paramillo, un área protegida donde nacen los ríos Sinú, Manso, Tigre, Esmeralda,Verde, San Jorge, Sucio, San Pedro y Uré. El parque es un gran reservorio de biodiversidad con ecosistemas de selva húmeda tropical, planos inundables, bosques andinos y subandinos, humedales y páramos. Se estima que en un área no menor al 10% de su extensión, pueden encontrarse hasta 1.436 especies de flora y fauna.

Cuando nos aproximamos al Caribe, las sabanas de Córdoba y el Bajo Cauca antioqueño son la región del bosque de los mil colores, el bosque seco tropical. Un ecosistema único y en peligro de extinción que se extiende por toda la gran meseta del Caribe. El bosque seco contiene miles de especies de plantas y animales que se adaptaron a las intensas sequías de la región.

Otra iniciativa que hace parte de la compensación ambiental de Ocensa es el proyecto Vida Manglar por medio del cual buscamos la rehabilitación de 39,2 hectáreas de manglares en la bahía de Cispatá, en San Antero, Córdoba.

Llegamos a Sucre. En nuestra operación, es el fin del oleoducto terrestre y el inicio de la operación en alta mar. En sus costas se ubica el golfo de Morrosquillo, rico en manglares, pastos marinos, corales y playas, que se combinan con el bosque seco tropical. De todos, el manglar tiene una relevancia enorme, ya que en él se produce gran parte del oxígeno y es el nicho de especies nativas. Los manglares de Sucre representan el 11,7% del bosque manglar de la Costa Caribe colombiana.

Toda esta explosión de vida solo puede llevarnos a procurar su conservación, a ser conscientes de lo privilegiados que somos y a disfrutar de un país megadiverso, casi único.